
Un par de veces al mes los teleoperadores prueban mi paciencia llamándome a horas intempestivas. Esta mañana, cuando me han despertado, he decidido ser yo la que probara la paciencia del otro, y tras responderle amablemente a la señorita y darle los datos que me pedía, le he dicho que me disculpara un segundo, que en seguida volvía. He dejado el móvil sobre la mesilla y me he ido a desayunar.
Al volver me he desilusionado bastante, para qué negarlo. A nosotros nos tienen horas al teléfono escuchando sus asquerosas musiquitas, y la tía me ha colgado a los 3 minutos y 39 segundos.
Piden algo de lo que ellos carecen. Eso, o que no he tenido el detalle de ponerle música para la espera...
Un cordial saludo.
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